En este ensayo hay tres partes dedicadas a tres problemáticas latinoamericanas. Cada una se estructura según el ver-juzgar-actuar. Las problemáticas son el desencuentro, la existencia de oprimidos y la desunión.
Cada generación de la Iglesia se ve desafiada a mirar con lucidez su misión según la época que le ha tocado vivir, por lo que a cada quien nos corresponde enfrentar diferentes circunstancias que nos llevan a revisar el sentido actual de la misión.
La fe cristiana es la fe del sacrificio, la que ofrece todo pero a cambio pide todo. Ni Cristo en la cruz, ni los mártires, ni los creyentes maduros ofrecen ejemplos cómodos de lo que implica llevar la fe hasta las últimas consecuencias.
¿Quiénes son los sedientos de esta generación? ¿Podrá agua alguna satisfacer las necesidades actuales de las personas?
América Latina, ¿Qué te está pasando? Sé la respuesta. Quizá todos la sabemos. Estás espiritualmente enferma. Esa es la razón de la injusticia social que reina en tus tierras, y peor aún, de nuestra indiferencia.
Si la iglesia se circunscribiera a dotarle a la educación teológica un fuerte sentido de dirección, reconcentraría sus esfuerzos, simplificaría sus tareas y evitaría los despistes teológicos y los escándalos éticos.
Casi todas las personas están fuertemente adheridas a algo. La religión es uno de los asideros, y cuando eso no basta, echamos mano a la superstición, que en América Latina sigue siendo la religión de los inseguros.
Encontrémonos con Jesús y con el otro que roza mí brazo cuando camino por la calle. Este es el desafío más grande en esta bulliciosa realidad; es nuestra única salida para ser cristianos.
Estas reflexiones se remontan a los deseos más auténticos de Jesús para que sus discípulos realicen la existencia de un modo significativo y alcancen la vida eterna.
La sociedad en la que hemos vivido antes de Cristo en nuestra vida ha impregnado, como una segunda piel, nuestra personalidad corrompida.








