En este ensayo hay tres partes dedicadas a tres problemáticas latinoamericanas. Cada una se estructura según el ver-juzgar-actuar. Las problemáticas son el desencuentro, la existencia de oprimidos y la desunión.
La fe cristiana es la fe del sacrificio, la que ofrece todo pero a cambio pide todo. Ni Cristo en la cruz, ni los mártires, ni los creyentes maduros ofrecen ejemplos cómodos de lo que implica llevar la fe hasta las últimas consecuencias.
Casi todas las personas están fuertemente adheridas a algo. La religión es uno de los asideros, y cuando eso no basta, echamos mano a la superstición, que en América Latina sigue siendo la religión de los inseguros.
Encontrémonos con Jesús y con el otro que roza mí brazo cuando camino por la calle. Este es el desafío más grande en esta bulliciosa realidad; es nuestra única salida para ser cristianos.
Voy a describir la realidad latinoamericana desde mi punto de vista, la de una mujer de pueblo. Lo que veo en la sociedad en la que vivo: Luján de Cuyo, Mendoza.
¿Entonces qué? ¿Qué quiere decir ser cristiano en San Francisco, Latinoamérica, el martes a las cuatro de la tarde o el sábado a las once y veinticinco de la mañana?
El presente y el futuro de América Latina dependen, en gran medida, de la respuesta que demos al desafío que su niñez nos presenta.









