Sentir el dolor ajeno al estilo de Jesús

Por Jesús Arturo Figueroa Quiroga, Colombia

Fragmento de un ensayo presentado a concurso.

Escribo para quien anhele encontrar el sentido de la solidaridad desde el proceder de Jesús expresado en la revelación Bíblica. Estas reflexiones están dedicadas a los grupos humanos, organizaciones de iglesia, organizaciones barriales y comunitarias, líderes religiosos y sociales, cristianos que buscan seguir las orientaciones de Jesús y ser auténticos discípulos. Especialmente escribo a los jóvenes que sueñan con un nuevo orden de cosas más orientadas a la cooperación, al trabajo en común, al unir manos, cabeza y corazón e un único objetivo: el bien de las personas necesitadas, la felicidad de servir. A consolidar una propuesta frente a la problemática de hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos de nuestra América Latina, afectados por el hambre, la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la violencia, la violación de los derechos humanos; y en general, la ausencia de condiciones para vivir en dignidad.

Dejo en sus manos estas reflexiones cuyas raíces se remontan a los deseos más auténticos de Jesús como proyecto concebido para que sus discípulos realicen la existencia de un modo significativo y alcancen la vida eterna.

Con este trabajo quiero sembrar la semilla de la solidaridad desde una plataforma de reflexión con profundo compromiso social y capacidad para mirar la realidad con sentido crítico; con el único objetivo de contribuir en la construcción de una América Latina Cristiana más sensible ante el dolor y el sufrimiento generalizado.

El relato Bíblico será el texto inspirador de estas reflexiones. En este sentido pretendo mostrar las implicaciones prácticas, en términos de acciones y opciones desde la propuesta de Jesús:

“Un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto.

Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y al verlo pasó de largo.

Así mismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, al verlo pasó de largo. Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él, y al verlo, fue movido a misericordia. Acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino, lo puso en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Otro día, al partir, sacó dos denarios, los dio al mesonero y le dijo: “Cuídamelo, y todo lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando regrese”. Lucas. 10,30-35.

Nuestro recorrido hacia la solidaridad empieza en el escenario del hombre caído, despojado, maltratado, medio muerto. Toda propuesta alternativa, parte de la constatación de un problema; de una situación existencial límite que atenta contra la dignidad humana. La sola constatación de esta situación límite en las personas, abre espacios a la solidaridad. Desde esta plataforma Jesús lanza su propuesta: “Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación”. (Mateo. 5: 4)

¿Cuál es la situación actual de la persona despojada, golpeada y medio muerta en la mayoría de países latinoamericanos? La CEPAL, FLACSO, Naciones Unidas, ONG One Hope, y otras organizaciones que realizan investigación en América Latina, revelan la cruda realidad de niños, jóvenes, hombres y mujeres en situación “despojada, golpeada y medio muerta” que revela la parábola de Jesús. Realidad que vivimos y que palpamos a diario, ya no como un relato parabólico, alejado de la realidad, sino como una experiencia que nos toca a todos.

Los verbos despojar, maltratar y dejar medio muerto, para todos nos resulta claros. Al encontrar en nuestro medio, personas en estas circunstancias, la propuesta de Jesús es que sigamos el camino de la solidaridad.

El camino de Jerusalén a Jericó no es otro que el diario acontecer de la vida: su vida, mi vida, la vida de un grupo, de una comunidad, de un país. La persona despojada está carente de todo bien material, espiritual, intelectual, cultural, social, legal; porque unos terceros así lo quisieron. Una persona carente no nace por acaso, es producto de su voluntad o de la voluntad de otros. Los salteadores pueden ser sistemas, gobiernos, grupos económicos, políticos, religiosos, intelectuales, sociales; actitudes, estatutos, mandamientos, ordenanzas, creencias, conflictos.

¿Despojados de qué bienes? Salud, educación, paz, empleo, equidad, derechos humanos…

Al no existir posibilidades de empleo, ni acceso a la educación, muchos padres, niños y jóvenes atiborran las estadísticas del desempleo y analfabetismo; a pesar de que aquellos son derechos fundamentales. Basta leer los informes de Naciones Unidas o CEPAL para América Latina.

¿Por qué existe en la mayoría de países latinoamericanos tantos problemas sociales: desnutrición, pobreza, hambre, analfabetismo, violencia, subversión, robo, atraco, secuestros…? ¿Por qué existe una práctica sistemática para despojar a la persona de sus derechos individuales y colectivos fundamentales?

Despojar es sinónimo de atropello a la dignidad de la persona.

¿Por qué se atropella, cuáles son los motivos, qué corazón es capaz de hacer tal cosa? ¿Será sólo por defender intereses egoístas o de grupo? ¿Será que así tienen que ser las cosas?

Estas reflexiones no pretenden sembrar en sus corazones la semilla del resentimiento, el odio y, peor aún, la violencia. Lo que nos presenta el texto Bíblico caracterizando al hombre caído y despojado, hoy también se constata en el mundo entero y particularmente en nuestra América Latina.

El hombre fue golpeado, violentado en su corporalidad. Para el ladrón no es suficiente despojarlo de sus bienes, sus derechos, sus posesiones; que de alguna manera son realidades externas, haberes de su víctima. El ladrón va más allá. Su acción maligna se descarga sobre la corporalidad del hombre despojado. Al tocar la corporalidad se afecta la totalidad de la persona como unidad sicosomática, intelectual y espiritual. Su acción violenta no solo hiere el cuerpo, ella tiene la capacidad de lastimar su espíritu, sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos y hasta su mismo corazón. ¿Cómo queda una persona violentada físicamente? ¿Qué reacción se puede esperar de una persona golpeada y dolida? La violencia engendra más violencia.

La gran pregunta que debemos hacernos los cristianos, y que está en sintonía con el objetivo de este ensayo es: ¿Cómo levantar y restaurar al hombre caído y violentado, como una acción típica del proceder de Jesús?

[…]

¿Hacia dónde se dirige la mirada del mundo cristiano en América Latina?

Solidaridad-misericordia es dirigir la mirada al necesitado para levantarlo. En primera instancia, para restaurar su dignidad destruida. Así, él se sentirá amado. Eso le da seguridad y crece su autoestima; alimentará la esperanza para emprender sus procesos de dignificación y seguir alegremente el camino.

Solidaridad no es sinónimo de paternalismo o enajenación. Solidaridad es enseñar a pescar, pero ofrece la posibilidad de que los alumnos se apropien de los instrumentos de pesca. ¿De qué sirve aprender a pescar si no se cuenta con la caña y la carnada?

La mayoría de países de nuestra América Latina se encuentran saturados de situaciones límite, pero parece que los cristianos estamos ciegos porque permitimos que la personas sigan caídas; no queremos ver con el corazón y la mente de Jesús. Damos un rodeo.

Al descubrir un problema, si estamos concientes, conocemos su proceso de gestación y sus consecuencias, entonces tendremos la capacidad para encontrar alternativas de solución. Yo aporto positivamente en la solución de un problema en cuanto tengo conocimiento del mismo y actúo asertivamente.

La solidaridad implica ver en profundidad. Es un asunto de criterios, puntos de vista, visiones, opciones. Cuando la Biblia te aconseja de que si tu ojo es ocasión de pecado debes sacártelo, está hablando de un mirar desde el corazón torcido, desde los esquemas mentales perversos; es decir, que si tu modo de pensar te sumerge en un proceso de deshumanización, debes romper con ello y cambiar. Esto solo es posible desde un encuentro con Cristo.

[…]

Solidaridad es compartir. Para ser solidarios debemos incomodarnos cediendo nuestras comodidades. Muchas veces pretendemos ser solidarios repartiendo bienes ajenos, pero difícilmente los propios.

¿Por qué los personajes de la narración, al ver al hombre caído, pasaron de largo? No quisieron incomodarse. No se despojaron de sus privilegios.

Debemos buscar el mecanismo correcto para compartir los privilegios que tenemos poniéndolos al servicio de los más desposeídos.

Esto es solidaridad.

El samaritano se bajó de su cabalgadura. Esto quiero decir que la solidaridad exige el proceso de bajarnos de nuestras comodidades para servir. Al ejemplo de Jesús cuando lava los pies de sus discípulos.

¡Qué difícil es realmente ser solidario!

¿Cuáles son las cabalgaduras en las que nos hemos montado y de las que se nos hace difícil bajar?

El estatus, nivel social, un rango, la posición económica, la formación intelectual, los esquemas mentales, puntos de vista, modos de pensar, criterios, el estilo de vida, el puesto, el ministerio…

La solidaridad exige la capacidad para desmontarse de todo aquello que significa comodidad personal. Eso es solidaridad. Jesús nos dio el ejemplo al despojarse de su condición divina.

El samaritano llevó al hombre caído a una posada o mesón y cuidó de él. No se preocupa sólo de conducirlo a un lugar donde puedan darle mejor atención y luego descarga su responsabilidad en otro. Él se compromete personalmente a cuidarlo. Muchas veces nuestra solidaridad termina en el hospital. Descargamos la responsabilidad en los demás y nos desembarcamos del problema. Es como para lavarse las manos para decir que se ha cumplido.

La solidaridad conduce a las últimas consecuencias: dedicar todo el tiempo al hombre caído. Eso es solidaridad.

[…]

¿Cómo llevarlos a la práctica respondiendo a las necesidades más urgentes de las personas del entorno donde nos movemos? La respuesta es clara y evidente. Si existe alguna duda para ayudar al otro es porque aún nuestro corazón se encuentra endurecido, y es necesario un toque de Dios que lo transforme. ¿Cómo lograrlo? Es cuestión de respuesta ante la invitación constante que lanza la situación del hombre caído. Es un asunto de decisión. Cuando haya dado el primer paso, descubrirá que no está solo. Y aunque no esperes nada a cambio, Dios te sorprenderá con abundancia de bendición. De esta forma se siembra semillas de eternidad para recoger frutos de vida eterna. Tu vida será bendecida con abundancia. Te sucederán cosas hermosas que nunca habías imaginado. Todos tus sueños ser realizarán. Porque la promesa dice: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis. (Jeremías 29:11)

Pruébalo, no te arrepentirás. Nadie te arrebatará la felicidad que se experimenta al sentirse útil a los demás.

1 comentario »


avatar JESSICA Dijo:

Me agrada escuchar este tema,para algunos trillados tal vez por no ser vivido en carne propia, personalmente doy gracias a Dios porque hay cristianos no solo de palabras sino de accion, ser solidario es despojarnos de nuestros egocentrismos y buscar el bien, no solo del otro ya que al final es tambien nuestro bien. Gracias a Dios por este mensaje.

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