Por las veredas de México

Por Nuria J. Gómez Arnáiz, México D.F.

Fragmento de un ensayo presentado a concurso.

Debemos reconocer que Latinoamérica como tal, es multicultural y polifacética. Bajo esa premisa, la experiencia de la fe cristiana es y seguirá siendo en su evolución muy distinta en cada país. Influenciado por la historia de su patria, su condición social, su economía y su sistema de creencias original, el cristiano de cada nación latinoamericana vivirá su fe de manera muy distinta.

De ahí que en el presente trabajo concentraré mi esfuerzo dando mi perspectiva de lo que significa ser cristiano en México, mi lugar de origen. Veremos que a pesar de reducir el espectro de estudio, México, por su extensión geográfica añadirá complejidad al presentar sub-unidades culturales por región.

La República Mexicana, bien identificada por los países centro y sudamericanos como “el gigante del Norte” por su extenso territorio y su caprichosa geografía, alberga a un conjunto de “pequeños méxicos”. Los estados del centro que rodean a la capital (Puebla, Morelos, Estado de México, Hidalgo y Querétaro); al sureste, donde se encuentran los estados con mayor rezago económico por vivir mucho tiempo en un aislamiento impuesto por su localización y la falta de vías de comunicación; o el norte, con el influjo de los Estados Unidos.

La regionalización no sólo es derivada de la ubicación geográfica de los estados. Van de la mano también sus orígenes prehispánicos, ya que las diferentes tribus se establecieron en las distintas zonas heredando sus costumbres. La diversidad es aún más clara cuando vemos la vasta y variada gastronomía que cada demarcación tiene.

Si en la comida podemos apreciar tanta disimilitud, ¿qué esperar entonces de los distintos sistemas de creencias y religiones?

Pero, ¿que determina en cada país la forma de asimilar el cristianismo? En mi opinión, son lo que llamo “las heridas”.

La herida que dejó en Colombia viviendo inmersa en la guerrilla durante 5 décadas bajo el dominio cruel de los carteles del narcotráfico, hizo que su respuesta a la propuesta del evangelio fuera anhelante y entusiasta. La incertidumbre en su diario vivir sembró una necesidad de protección. Sus generaciones de jóvenes acostumbrados al ingreso fácil en las actividades ilícitas, les mostraron la urgencia de volver a los valores que encierran el bien y que son esencia del cristianismo.

Chile, por poner otro ejemplo, dio a una generación la posibilidad de la sanidad a través del perdón. Algunos como víctimas de los horrores vividos bajo el régimen del dictador Pinochet y otros como perpetradores de los actos de violencia, pero ambos heridos. Los cautivos del remordimiento, encuentran la libertad en Cristo al ser redimidos y los presos del rencor o la necesidad de venganza, experimentan la Gracia de Cristo para otorgar el perdón.

Sin extendernos revisando cada país, observamos que la manera en que es aceptado el Evangelio en cada uno, además de entregar sanidad, no importando la herida de su nación, es a fin de cuentas, una respuesta personal y única para el buscador de Dios.

Y México, ¿cuál es su herida?

Dos serían, en mi opinión, de mucho impacto en la comprensión o rechazo del cristianismo: la desvalorización y la rebeldía.

La desvalorización podría quedar mejor acuñada con el término “Malinchismo”. La palabra tiene su origen en un pasaje de la historia durante la conquista, donde Malitzin, una princesa mixe, supuestamente traiciona a su pueblo cuando sirve de intérprete a Hernán Cortés el conquistador español.

El menosprecio que siente el mexicano por sus raíces y sus orígenes en la actualidad es una forma de malinchismo. No obstante cuanto se difunde sobre la “riqueza cultural mexicana”, en realidad, los mexicanos en su gran mayoría buscan imitar a culturas extranjeras tratando de crearse una nueva identidad que se asemeje a los países primer-mundistas.

Otro signo del malinchismo que prevalece, es la discriminación de unos grupos contra otros, por mútiples razones: color de piel, lugar de nacimiento, estrato social, dónde son educados, su acento al hablar, etc. Pero más evidente es la marginación y menosprecio de que es víctima aquel de ascendencia indígena.

La rebeldía, por otro lado, tiene su origen en la dominación española de más de 300 años. El indígena, de la noche a la mañana, es forzado a dejar sus creencias y sus costumbres. Como única y posible respuesta, se rebela, a veces abiertamente, lo que a algunos costó la vida y otras, socavando la autoridad de su opresor de manera velada.

Una expresión moderna de esa rebeldía contra la autoridad, es la forma sistemática en que una gran mayoría de los mexicanos se resisten a los límites. Un ejemplo simple: el conductor que se rehúsa a detener el auto hasta quedar sobre las líneas peatonales antes de un crucero. ¿Qué reacción puede tener entonces el mexicano promedio ante una opción de vida basada en 10 mandamientos, donde 8 inician con la palabra “NO”?

Los indígenas, sumidos en la impotencia ante sus conquistadores, se van transformando intentado ser como “los otros en el poder”. Aceptan las creencias impuestas de los evangelizadores españoles, pero desarrollan un mestizaje al mezclarlos con sus propios ídolos y deidades. Al fusionarse los dos sistemas de creencias, la religión híbrida resultante queda desprovista de los verdaderos fundamentos de la fe cristiana.

El indígena, antes disciplinado y valiente, se convierte en un personaje cuya práctica de sobrevivencia es el engaño. La versión de nuestros días del mexicano que busca su manera de lograr su objetivos, lo vemos en el aquellos cuya filosofía de vida está en la cultura de la “transa” (estafa, engaño, trampa).

Una forma de decirlo está en el estribillo de una popular canción mexicana, que dice:

“¡Y mi palabra es la ley!
No tengo trono ni reina
ni nadie que me comprenda
pero sigo siendo el rey”

En síntesis, el mexicano terminó siendo un híbrido que se opone metódicamente a todo lo que restrinja su voluntad. Herido en su identidad, sin un sistema de creencias que lo fundamente, con una ardiente necesidad de mimetizarse para sentir que pertenece a la elite del poder y con un afán permanente de oponerse a la autoridad, pasa al tema de la fe no como un pilar de su vida, sino como una opción cultural más.

[…]

Simples y poderosas verdades

Tal como quedó planteado inicialmente, el movimiento demográfico es un factor que influye directamente en el alcance que tienen las iglesias en México. Sin descuidar el trabajo necesario en poblaciones aisladas, el trabajo evangelizador debiera perfilarse hacia las ciudades de mayor concentración demográfica.

Una de las ventajas al respecto, es que, aplicando un término usado en el ámbito de los negocios, se tiene “capacidad instalada” aún no utilizada para realizar la actividad evangelizadora. Recordemos que es en las ciudades donde existe mayor concentración de iglesias establecidas.

Si la plataforma de la iglesia ya está lista, es decir, si cuenta con un recinto y una organización preliminar, la forma de convertirla en una herramienta aún más efectiva sería la capacitación de los pastores “no ordenados”. Y este principio no es novedoso, sino un sistema que el mismo Jesucristo utilizó cuando dio inicio a la primera obra evangelizadora. Haciendo una selección inicial entre los discípulos, llevó a cabo un curso de capacitación personalizada antes de enviarlos a realizar el trabajo.

Igualmente de la iglesia primitiva y de la enseñanza bíblica, podríamos afianzar la propuesta de estructurar los ministerios dentro de la iglesia. Tal vez uno de los más importantes dado el permanente crecimiento del cristianismo, debiera ser el del discipulado.

Habiendo explicado la etapa de “exilio” que vive el recién convertido, ahora podemos identificar la enorme oportunidad que ese tiempo representa para dar al recién nacido una nutrición espiritual exhaustiva. La distancia que instala el rechazo familiar, es algo que trabaja a favor del crecimiento del nuevo creyente y de ahí que el ministerio para ese pequeño grupo sea tan importante.

No obstante que una gran mayoría de las iglesias cuentan con escuelas bíblicas dominicales, tal vez el tener un discipulado exclusivo para nuevos cristianos sería la mejor forma de enseñanza. Sin tener una estadística concreta, tengo referencias personales que me indican que, en las más de las ocasiones, los recién convertidos crecen en la fe con poca dirección y muchas ocasiones no cuentan con el cuidado de un mentor o guía en sus primeros pasos.

Cuando la persona que lleva a una persona al conocimiento de Cristo no tiene suficiente preparación o tiempo, debiera apoyarse en ese ministerio entregando al recién nacido al cuidado de manos comprometidas y sabias en la doctrina.

Estos maestros iniciales podrían bajo su dirección evitar que el nuevo creyente cayera en la tentación de incluirse en el trabajo ministerial excesivo, dando prioridad a su preparación y capacitación. Esa fórmula de discipulado finalmente lo encontramos en la historia de Timoteo.

Por otro lado, he observado como los temas sobre las “amenazas” presentes en el entorno son abordados en los ministerios de jóvenes, no así en los de los adultos. Si nos detenemos a pensar que los adultos llegan con la misma ignorancia que los jóvenes a los temas de Dios, podríamos concluir que ellos tienen igual necesidad de preparación con información y respuestas bíblicas concretas. Cuestiones como pornografía, sexualidad, toma de decisiones, forman parte de la vida del adulto en su pasado secular.

Una forma de evitar que el creyente con antecedentes católicos caiga en confusión, sería el prepararlo con una teología balanceada, es decir, que hable de la naturaleza y función de cada una de las personas de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Si la doctrina impartida es trinitaria, el nuevo creyente podrá escapar del legalismo, por ejemplo. O aceptar con conocimiento el trabajo de transformación y guía del Espíritu, e igualmente comprender la diferencia entre las manifestaciones del Espíritu Santo y sus experiencias previas con experiencias sobrenaturales de otro tipo.

No es extraño que una persona siendo creyente por varios años, por ejemplo, no conozca con claridad la razón de terminar la oración diciendo “en el nombre de Jesús”. En ocasiones sólo imita lo que otros hacen desconociendo el fundamento. Y esto es producto de una instrucción salteada o desordenada. De ahí que reitero con insistencia, la necesidad de estructurar la educación espiritual del recién nacido, evitando que se hunda en el vacío de la imitación ritualística, tan familiar en la gente con un trasfondo católico.

Atendiendo a la problemática de la persecución en las poblaciones rurales, dos serían mis recomendaciones más importantes.

La primera, difusión entre los pastores y ministros sobre los apoyos legales disponibles para las víctimas de la persecución.

Segundo, para sortear el problema de la marginación en los empleos, buscar que dentro del ministerio se incluyan cursos de capacitación en oficios que después permitan al creyente tener un actividad productiva con “auto-empleo”. Podemos tener la certeza de su eficacia por la experiencia que tuvo el misionero del siglo XIX, Cameron Townsend, quien hizo un primer ensayo de un programa de auto empleo en un pequeño poblado en el estado de Morelos. Fue ese primer modelo dentro del trabajo misionero que el gobierno mexicano utilizó posteriormente para promover la productividad y la educación en poblaciones rurales de extrema pobreza en el mandato del presidente Lázaro Cárdenas.

Podríamos repasar incansablemente la problemática y desventajas del pueblo evangélico en México a riesgo de caer en un desaliento o pesimismo por el futuro. O lejos de eso, volver a la historia de los pueblos y más específicamente, a la historia de prácticamente todos los creyentes, para ver que la crisis es la tierra más fértil que puede tener el Evangelio.

Cuando leemos de la persecución, no sólo en México sino en el mundo entero, podemos leer entre líneas las más asombrosas historias sobre la conversión al cristianismo de musulmanes, hindis, budistas y católicos.

Pero no sólo la persecución trae los mejores frutos espirituales de convertidos a Cristo. Las dificultades económicas, la inestabilidad política, los conflictos interraciales, en fin, todo aquello que genera una crisis y debilita a un país, son catalizadores de la conciencia humana para enfrentarlos con la verdad irrefutable de su necesidad de un Dios y de un Salvador.

Tal como lo menciono en la introducción, las heridas de los países provienen de circunstancias muy distintas: El Salvador con años de guerrilla, Honduras con la pandemia de SIDA que la azota, Bolivia con su extrema pobreza o México con su corrupción, no son más que ejemplos claros de las heridas que abren las grandes oportunidades para el cristianismo. Latinoamérica, con sus carencias, su ignorancia y todas las debilidades sociales, es un campo fecundo para ver germinar la Verdad de Cristo y la esperanza de su salvación.

 

Índice del ensayo
Capítulo I: ¿Qué es Latinoamérica?
Capítulo II: ¿Qué encuentra el cristianismo al llegar a México?
Capítulo III: México moderno: ¿Cuánta modernidad prevalece en un país tan grande?
Capítulo IV: La persecución en los pueblos indígenas
Capítulo V: El “recién nacido” en las poblaciones rurales
Capítulo VI: El “recién nacido” en la clase media y las ciudades (poblaciones urbanas)
Capítulo VII: La “competencia” que enfrenta el cristianismo
Conclusión: La oportunidad: las simples y poderosas verdades Bíblicas en acción

8 comentarios »


avatar Cristy Echavarría Dijo:

Gracias por la nítida y positiva exposición de tu pensamiento.

avatar Raquel Dijo:

Me parece muy buena tu reflexión, especialmente en cuanto a la estructuración de la ensañanza, porque muchas veces le damos lentejas a un recién nacido y otras entretenemos con sopas a quienes deberían ser adultos en “La Palabra”

avatar Giovanna Dijo:

Felicidades prima te quedo increible!!! un beso

avatar Fernando Suárez Dijo:

Querida hermana:
Las ideas son claras y nítidamente expuestas.
El concepto de “imitación ritualística” me pareció muy esclarecedor del fenómeno del cristiano promedio en las iglesias, sólo se acuerda de su fe el domingo.
Considero que puedes enriquecerlo con opiniones de autores que han estudiado el tema y referirlos en tu ensayo.
Bendiciones.

Fernando Suárez.

avatar fabián Dijo:

me gustó mucho el ensayo, las ideas son claras y acerrtadas. me gustaria conversar con la autora y compartir opiniones… también soy mexicano, del sureste del país, y por eso me interesa el tema.
agrégueme a su messsenger como pastorweb@ccrdemexico.com para poder charlar;
y en general extiendo la invitación a todo aquel que quiera conversar de Cristo y Su glorioso evangelio. Bendiciones.

avatar Rafael Ventosa Dijo:

Te felicito Nuria. Excelente ensayo.
Dios te siga bendiciendo, y usando para su obra.-

avatar erika gomez Dijo:

MUCHAS FELICIDADES sigue escribiendo lo haces super bien,esta muy interesante y claro. gracias

avatar Jaime de la mora Dijo:

Excelente articulo.

Si eres mi ex-compañera en la UNITEC me gustaria conocer tus datos para comunicarme contigo.

Saludos

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