Por Sixto Vásquez Narva, Perú
Fragmento de un ensayo presentado a concurso.
El objetivo de este ensayo consiste en señalar que si la iglesia se circunscribiera a dotarle a la educación teológica un fuerte sentido de dirección que se concentre en la reproducción de la imagen de Jesucristo en cada cristiano de tal manera que cada uno de ellos tome como su desafío supremo el ser santo, sabio, inmortal y feliz, la iglesia reconcentraría sus esfuerzos, simplificaría sus tareas y evitaría los despistes teológicos y los escándalos éticos.
El reto del liderazgo débil y abusivo
De hecho, el Perú no necesita líderes con filosofías de calabaza que sólo duren sólo mientras el viento sople a su favor ni que estén pendientes de la última moda religiosa que entra por su ventana; sino líderes que sean semejantes al roble, cuya fe crezca hacia las honduras más profundas de la verdad en Cristo y no hacia las afueras de los aplausos y las flores. Líderes que en verdad lleguen a ser como Jesucristo en su integridad espiritual, intelectual, doctrinal y en sus determinaciones existenciales.
“América Latina necesita líderes con visión estratégica, que sean capaces de formar buenos equipos para prever escenarios a largo plazo. En definitiva, el mundo necesita liderazgos con ideas, voluntad, perseverancia, templanza y aplomo, que desarrollen programas que favorezcan la integración, la educación y el fortalecimiento institucional”
En este sentido, el carácter de los antiguos profetas constituye una valiosa pieza de información acerca de lo que debe ser el carácter de un líder espiritual que le permita moverse con sagacidad e integridad tanto en la calma de los goces como en la tempestad de las penas para evitar caer en el vaivén de las modas religiosas del momento.
Jeremías por ejemplo fue llamado al ministerio profético siendo muy joven; y siendo de un alma tierna y hecha para amar, fue sin embargo enviado por Dios para extirpar y destruir, para reconstruir y plantar (BJ). Aunque el profeta tenía ansias de paz, en su vida sólo hubo desgracias personales y luchas sociales contra su familia, contra los reyes, contra los sacerdotes, contra los falsos profetas, contra el pueblo y contra todo el país.
Pero este sufrimiento, bien manejado por un hombre que conocía a Dios en su intimidad cristalina, acrisoló su alma, curtió su fe y cuajó su carácter. En su alma fueron implantadas por el cielo aquellas premisas de calibre divino que forjaron en él un carácter semejante al de Jesucristo.
Consecuentemente, Jeremías aprendió a tomar decisiones que honraran a Dios y beneficiaran a su prójimo de manera permanente sin dejarse enturbiar el entendimiento espiritual por sus tendencias naturales ni por los depredadores de su contexto altamente pagano y adverso.
Bien sabemos que una de las responsabilidades más grandes del liderazgo es la de tomar decisiones; y a guisa de ilustración, pienso en las lagunas que se forman en las altas montañas gracias a la lluvia del cielo.
Ocurre por ejemplo que de una misma laguna nacen dos ríos; uno “decide” salir por el lado izquierdo y establecer su propio cauce hasta desembocar en el Océano Pacífico; el otro “decide” salir por el lado derecho para desembocar en el Atlántico.
¿Cómo es posible que habiendo nacido en la misma laguna terminen en destinos tan distintos? ¿Dónde se originó la diferencia? Sin duda, en las “decisiones” que tomaron al empezar su carrera.
De igual manera, el ser humano en general y el cristiano en especial necesitan ponderar bien las decisiones que están tomando hoy día porque de ellas depende su destino final.
Veo que este es uno de los retos centrales para el cristiano peruano porque si bien es cierto que los llamados cristianos evangélicos abundan por todo lado, también es cierto que muchos de ellos tienen las decisiones puestas en las cosas de la tierra, llámense dinero, orgullo y sexo; (lana-fama y cama) lo cual revela que existe un supuesto cristianismo que entiende las cosas al revés de lo que enseña el Señor en su Palabra. ¿Cuál creen que va a ser su destino final?
Pero es un hecho que las decisiones mal tomadas causan dolor y sufrimiento; y el mundo está lleno de gente que llora su infortunio debido a que tomó una sola decisión equivocada porque le malogró la vida entera.
Inclusive, en las esferas angelicales, Lucero, Hijo de la mañana, llamado así probablemente en honor al hecho de haber sido la primera criatura inteligente en ser creada, tomó la infausta decisión de sublevarse contra su propio Creador y fue sentenciado a cadena perpetua tras los barrotes invisibles del infierno eterno juntamente con las tres cuartas partes de los ángeles que se encontraban bajo su liderazgo.
De igual manera, cuando un joven decide tomar por esposa a una determinada señorita y ella a su vez decide aceptar esa proposición, en ese pequeño monosílabo “sí” que representa una enorme decisión, está incluida no solamente la forma de vida de la pareja sino también el tipo de hijos que tendrán y su respectivo destino eterno; pero si se equivocan al elegir la pareja, es casi seguro que su vida va a estar llena de ambigüedad, confusión y conflictos. ¿Dónde comenzó el problema? En la decisión que tomaron.
Así que uno de los grandes retos que ofrece la realidad latinoamericana actual al cristiano es la oportunidad de desarrollar un estilo de liderazgo espiritual que sepa tomar decisiones que honren a Dios y beneficien al prójimo de manera permanente.
En ese sentido, una de las funciones de la verdad bíblica es poner en orden la vida del ser humano. Como declaraba el salmista: “Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí” y ese ordenamiento empieza con el perdón que otorga Jesucristo y que se acredita por la limpieza interior, la estabilidad intelectual, el equilibrio emocional y la realización existencial.
“El Señor obra de adentro hacia afuera. El mundo obra de afuera hacia adentro. El mundo quiere sacar a la gente de los suburbios. Cristo saca los suburbios del interior de la gente, y después ésta sale por sí misma de los suburbios. El mundo quiere moldear a los hombres cambiando su ambiente. Cristo cambia a los hombres, que después cambian su ambiente. El mundo quiere conformar la conducta humana, pero Cristo puede cambiar la naturaleza humana”
Consecuentemente, nuestras afinidades históricas, culturales, legales y lingüísticas latinoamericanas que son tan profundas, pueden ser tomadas como nuestros mejores referentes para consolidar el trabajo misionero mancomunado y para invertir en ello con la finalidad de que la iglesia crezca en creatividad y en trabajo de equipo y para influenciar cada vez más de cerca en todas las instancias de la sociedad.









