Por Diana Raquel Roldán, Mendoza, Argentina
Fragmento de un ensayo presentado a concurso.
Son las dos de la mañana. No puedo dormir. Esto me sucede muy a menudo, pero hoy particularmente, invaden mi mente miles de pensamientos referidos a este tema. Me pregunto si el desafío de ser cristiano en Latinoamérica es diferente de serlo en África, o en Europa; como también me pregunto, si es diferente ser cristiano hoy de lo que lo fue ayer.
Me perece oír mil argumentos y hasta expresiones parecidas a ésta: “Por supuesto que no es lo mismo la cultura latina, que la anglosajona, árabe o rusa”; y supongo que tienen razón, por lo que leo en libros, veo en televisión o me cuentan sobre las diferencias culturales en el mundo. Claro, que también es cierto que no es lo mismo vivir en Bolivia, Méjico o Argentina.
No soy erudita en sociología, ni en teología, ni en política y tampoco conozco demasiado de historia. Lo cierto es que: Vivo en Argentina, o sea en Latinoamérica; soy cristiana desde muy pequeña y hoy tengo cincuenta y cuatro años; lo cual, creo, me califica para desarrollar el tema propuesto, vertiendo conceptos que pueden ser útiles a quienes lean este ensayo.
SER CRISTIANO
Todavía hay gente que, cuando alguien le pregunta: ¿Usted es cristiano?, responde:“Por supuesto ¿acaso soy una bestia?”. Confunde ser cristiano con ser humano. Nosotros vivimos en el mundo occidental que se dice cristiano, en un país que también se caratula así. Pero, lo somos? ¿Quién es cristiano según la Biblia?
Veamos: Hecho 11: 26. A los discípulos se los llama por primera vez cristianos en Antioquía, ellos se ganaron ese nombre porque seguían a Jesús.
Para seguir a Jesús primero hay que conocerlo, tener un encuentro personal con él. Saber que:
• Él es Dios Hijo, que dejó sus glorias celestiales y vino este mundo a pagar en la cruz del Calvario el precio por el pecado de todo el mundo y por MI PECADO. 1ª Timoteo 1: 15.
• Dios quiere que lo conozcamos a Él Juan 17:3, porque ésta es la vida eterna.
• Él quiere que me arrepienta y confiese mis faltas para salvación, Hechos 2: 38, 3: 19.
• Quiere que obedezca sus mandamientos, porque Él es Señor y Salvador. Hebreos 5: 9
Ser cristiano significa ser de Jesucristo; seguirlo, esto es, recorrer el camino que Él recorrió, hacer lo que Él hizo. Estar en Él y Él en nosotros.
Pensar como Él, vivir como Él, amar como Él, de manera que el mundo pueda ver a Cristo en nosotros.
DESAFÍO
Esta palabra tiene varias acepciones en la Real Academia Española. Me gusta la que dice que es un reto, algo que me induce a luchar. El ser cristiano por sí mismo es un desafío, ayer hoy, aquí y en cualquier lugar del mundo; porque nuestra naturaleza no piensa como Jesús, no habla como Él, no ama como Él y tampoco actúa como Él. Claramente nos enseña la Escritura que hasta que estemos en Gloria con nuestro Señor, estaremos en lucha con nuestra vieja naturaleza que vive permanentemente inclinada al mal.
LATINOAMÉRICA
Como les dije, yo vivo en Argentina. Un hermoso país, pletórico de bellezas naturales.
No falta nada: Altas cordilleras nevadas, el Aconcagua; sierras con caminos serpenteantes; llanuras verdes, bosques, selvas. Al norte las Cataratas del Iguazú, al sur el Glaciar Perito Moreno y entre ellos, ríos, lagos y tanto…, tanto que me lleva a adorar al Creador de toda esa belleza.
Y allí, entre la cordillera y el océano Atlántico estamos nosotros: Los argentinos. ¡Tan diversos como el paisaje!
Voy a describir la realidad desde mi punto de vista que, como ya les dije, no es una mirada profesional sino de mujer de pueblo, lo que veo en la sociedad en la que vivo: Luján de Cuyo, Mendoza.
Luján es un precioso lugar, con el marco imponente de la Cordillera de los Andes y de la pre cordillera, con un hermoso clima, cruzada por un río otrora torrentoso, rodeada de viñedos hermosos, es “la tierra del Malbec “. Por todos lados vemos carteles que nos indican “Los caminos del vino” que los turistas recorren embelesados. Lo que ellos no ven es que existe una sociedad muy despareja: El Bajo, El Centro, varios barrios clase media baja, los barrios privados y una gran población rural.
¿Cómo se vive en cada uno de esos lugares?
[…]
Porque la multitudes “tienen hambre”, están enfermas, necesitan ser educadas, necesitan lugares dignos donde vivir. Y eso que no hemos mirado la otra realidad, la interna de los hogares y de los corazones, la que no depende de las políticas, ni de las decisiones de los gobernantes, pero que suele ser aún más cruel y desesperante que cualquier pobreza: Niños abusados, maltratados, abandonados; mujeres en las mismas condiciones; jóvenes dominados por las drogas y el alcohol. Padres desesperados, que no saben a dónde ir en busca de ayuda y respuestas, abuelos que después de toda una vida de trabajo duro y denodado se encuentran que lo que ganan no les alcanza para los remedios.
¿Dónde están los que tienen los cinco panes y los tres pececillos para que el Señor los multiplique? ¡Gracias al Señor, que hay quienes ponen lo poco que tienen para extender el Reino! Pero…”la mies es mucha y los obreros pocos”. Lo palpamos en cualquier ministerio que encaremos. Lo sienten las organizaciones sociales que surgen de las iglesias. Faltan maestros para dar apoyo escolar; faltan manos laboriosas para preparar almuerzos, lavar platos, remendar ropas, lavarlas y acondicionarlas; faltan albañiles que no cobren para hacer arreglos en hogares de niños; médicos que dediquen unas horas a la semana para atender a personas que no tienen obra social o que viven alejados de las zonas urbanas; enfermeros; ingenieros; arquitectos; abogados; escribanos; cualquier profesión o actividad es útil, porque las necesidades son tan variadas como variadas son las personas. Faltan cristianos como la viuda que dio sus dos monedas, que no sean escasos, que sepan dar, no lo que les sobra sino de sí mismos, como los de Tesalónica. Faltan pastores de verdad, fieles, que cuiden de la grey, que les provean alimento espiritual, sabio consejo, que sean discipuladores, y que no lo hagan por ganancia deshonesta.
Pero déjenme por un momento divagar, dejar la realidad e imaginar…
¿Qué pasaría si Jesús no hubiese nacido en Belén hace dos mil y tantos años? ¿Si en vez de eso hubiese nacido aquí hace treinta años?
¿Qué lugar hubiese escogido para nacer? ¡Estoy segura que no sería Buenos Aires!








