Cristianos íntegros, A.L. los necesita

Por Harold Miranda Infante, Barranquilla, Colombia

Fragmento de un ensayo presentado a concurso.

Cuando se trata de determinar el estado moral de una nación, se ha de tomar como referencia, los siguientes parámetros bíblicos:

1. “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová” (Salmo 33:12)

2. “Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección”. (Jeremías 7:28)

La desconfiguración moral que se vive en la mayoría de los países latinoamericanos, refleja que nos encontramos dentro del segundo parámetro.

Tanto en el plano político, como en el económico y social, Latinoamérica enfrenta profundas crisis que no podemos callar, mucho menos disimular.

Por doquier vemos los efectos devastadores de tal condición: la niñez, que en su habitual estado de inocencia, experimenta los crudos golpes de la injusticia social; el mal alcanzando niveles insospechados; la pérdida del afecto natural de que habló el apóstol Pablo; el liderazgo utilitario de un gran porcentaje de nuestros gobernantes; la ausencia de los principios bíblicos, que arrastra a nuestra sociedad moderna a la degradación. Por todas estas cosas y por muchas más, no puedo evitar que mi alma se duela y haga cuestionamientos.

América Latina, ¿Qué te está pasando? ¿Qué te ha arrastrado a tu actual estado de pobreza? ¿Por qué hay tantos niños en tu seno sufriendo el abandono, el hambre, el analfabetismo, y el abuso? ¿Por qué tus ciudades están tan llenas de violencia? ¿Por qué hay tanta corrupción en tus gobiernos? ¿Por qué hay tanta confusión y miedos en tu interior? ¿Por qué hay tanto, irrespeto por la vida, y tanto desprecio por la verdad? Sé la respuesta. Quizá todos la sabemos. Estás espiritualmente enferma. El virus de la enfermedad ha penetrado en todos tus estamentos. Esa es la razón de la injusticia social que reina en tus tierras, y peor aún, de nuestra indiferencia.

Los analistas políticos y económicos estudian el comportamiento político y social de América Latina; reflexionan, hacen sus diagnósticos y recetan. La mayoría de estas recetas, elaboradas desde una perspectiva meramente humana, han servido como pañitos de agua tibia, que temporalmente calman los síntomas, en tanto que la enfermedad cobra fuerza.

Si queremos llegar a la raíz de la enfermedad y hacer un diagnóstico certero, debemos concluir que el problema de América Latina es espiritual:

 “Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección”.

Hemos desatendido el llamado que Dios ha hecho claramente a todas las naciones:

“Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce” (Isaías 34:1)

Los síntomas anteriormente descritos son trágicos, pero no es lo peor. La iglesia, que fue puesta para ser luz en medio de las tinieblas, para ser la sal que detuviera la corrupción moral, también se ha contaminado con este virus. Como cristianos, nos hemos convertido en espectadores de la triste realidad de nuestro entorno. La comentamos, buscamos culpables, hacemos sugerencias, pero finalmente, al ver a Latinoamérica herida y tendida, pasamos de largo al igual que el levita y el sacerdote lo hicieron con el hombre que cayó en manos de ladrones.

Así como el debilitamiento de una sociedad está ligado a la corrupción moral de sus miembros, de igual manera, los cristianos tenemos la responsabilidad de recuperar y mantener la integridad cristiana, para que Latinoamérica experimente el impacto del poder de Dios.

En la primera parte de este ensayo, presentaré algunos de los males espirituales que han penetrado dentro del cristianismo, llevando a Latinoamérica a un estado de postración espiritual. En la segunda parte, exhorto al cristiano a vivir en integridad tanto en el plano moral como en el trato de las escrituras, con el propósito de contrarrestar dichos males e influir en nuestro entorno.

[…]

Uno de los padres de la iglesia, citado por Warren W. Wiersbe dice que “la iglesia es muy semejante al arca de Noé: Si no fuera por el juicio afuera, nadie soportaría el mal olor adentro”

Esta es una declaración fuerte, pero tiene mucho de cierto. No está definiendo la naturaleza de la iglesia, pero si está describiendo su estado. Por mucho tiempo hemos permanecido expuestos a los malos olores dentro de la iglesia, hasta el punto, que nos hemos adaptado a ellos. Nuestra sensibilidad para reaccionar ante las manifestaciones del pecado, se ha disminuido considerablemente.

La integridad cristiana puede contrarrestar los males espirituales de América Latina de varias formas:

1) Siendo luz en medio de la tinieblas

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16)

La gente está cansada de tanta falsedad dentro de la iglesia. Para muchas personas, los pocos contactos que han tenido con ella, les han resultado decepcionantes. No es momento para excusarnos, es tiempo de arrepentirnos.

Latinoamérica se encuentra asentada en tinieblas, urgida del resplandor de la gloria de Cristo. Como vasos de barro, a los que nos ha sido concedido el privilegio de ser contenedores del tesoro del evangelio, vivamos a la altura de tan alto llamamiento: ¡Seamos la luz del mundo!

Es menester que cada cristiano se convierta en una carta de carne y hueso, donde todos puedan leer un mensaje íntegro acerca del poder transformador y vivificador del evangelio.

2) Llevando el olor del conocimiento de Cristo

“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento”. (2 Corintios 2 14)

¡Cuánta necesidad a nuestro alrededor! ¡Cuánta desesperanza! ¡Cuánto sufrimiento! Por doquier se respira los olores putrefactos de la impiedad. Vivimos en medio de una permanente atmósfera de desobediencia. Cuánta falta hace que haya cristianos decididos que salgamos más a menudo de los templos, para ir a llevar un poco ‘del olor del conocimiento de Cristo’; que cumplamos con nuestro compromiso de ‘dar de gracia lo que por gracia hemos recibido’ que cumplamos con nuestra función de ser sal de la tierra, a fin de salar las heridas morales que mantienen enferma a América Latina.

3) Predicando la Palabra de Dios con integridad

Como embajadores de Cristo tenemos la responsabilidad de testificar enérgicamente de Cristo y presentarlo como la solución a todos los males que nos aquejan; de reprender las obras infructuosas de las tinieblas; de anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable; de salir debajo del almud, para resplandecer en medio de una generación mala y perversa, a fin de que por nuestro testimonio, Dios sea glorificado. Quizá por medio de ello, Dios tenga misericordia, para que Latinoamérica ‘vuelva en sí’ y se arrepienta de sus malos caminos.
 
“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti. Para los santos que están en la tierra, Y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios”. (Salmo 16:1-4)

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón”. (Salmo 15:1:2)

2 comentarios »


avatar EDGAR ALVAREZ LOPEZ Dijo:

“la iglesia es muy semejante al arca de Noé: Si no fuera por el juicio afuera, nadie soportaría el mal olor adentro”..

WAO…TREMENDA REALIDAD—-DEFINITIVAMENTE COMO DICE EL DICHO”"LA VERDAD DUELE”".

COMPARTO MUCHO DE LO ESCRITO.

avatar vanessa Dijo:

hermano harold muy ciertas sus palabras fuertes pero de gran verdad. lo felicito Dios lo ha usado para escribir siga haciendolo.

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