¿En qué pensamos cuando hablamos de un ensayo?
Mi pequeño diccionario Larousse me da una pista. Un ensayo puede ser un “análisis rápido de un producto químico”…, pero, lógico, aquí no estamos pensando en un laboratorio químico.
Luego sigue el diccionario: “Una obra literaria que consiste en la reunión de algunas reflexiones hechas sobre un tema determinado”. ¡Ahora sí estamos en el tema!
Me llama la atención la frase “algunas reflexiones”. El ensayo, pues, no permite espacio para explayarse sobre todas las facetas de un tema. Meramente algunas reflexiones.
Notemos también que es “una reunión” de reflexiones. Es decir, no es imprescindible ofrecer un profundo análisis filosófico, sino unir reflexiones de una forma coherente.
Pueden ser reflexiones basadas en la experiencia propia. Por ejemplo, una estudiante hablaría de los desafíos que ella encuentra en el campus universitario: de la presión social, de las burlas que hacen otros estudiantes y del lavado de cerebro impuesto por profesores secularistas. No puede ella hablar por todo el Continente, ni por todos los sectores de la sociedad, pero puede escribir de su experiencia en su comunidad.
Igualmente un ensayo puede reflexionar basado en la observación. Una señora puede escribir con sensibilidad sobre los desafíos que en la iglesia enfrentan sus amigas divorciadas.
Otros escritores pueden escribir con un enfoque más analítico, sociológico o filosófico. Pero ojo: ¡Cuidado con escribir generalidades que resulten francamente aburridas!
Somos muy diferentes en Latinoamérica. Tenemos diversas fortalezas y experiencias. Desde un punto de vista cristiano, todos podemos aportar reflexiones e ideas que ayuden a tomar conciencia de los desafíos reales y actuales que enfrentan las generaciones presentes.
El ensayo se ha definido también como una literatura de ideas. Jézer González, en su libro El ensayo: sus formas y contenidos, dice que un ensayo es una interpretación ideológica de un objeto de la cultura, o de la cultura en su totalidad. Como interpretación de un aspecto de la cultura, el ensayo adopta una determinada manera de verla. Por ejemplo, se puede adoptar una orientación histórica para reflexionar sobre el estado de la iglesia evangélica hoy en día. Lo que la iglesia vive hoy está inevitablemente vinculado a sus raíces, a los inicios de las denominaciones y luego el crecimiento de las nuevas iglesias independientes. ¿Será que las luchas de décadas anteriores complicó la vida de los creyentes de hoy? ¿O es que en la actualidad hemos perdido los valores que caracterizaron a nuestros antepasados?
Para dar otro ejemplo, se puede escribir desde una perspectiva sociológica sobre la imagen que tiene la iglesia evangélica en la sociedad general de mi país. Muchas veces la prensa califica a la iglesia evangélica como una secta caudillista, preocupada por prosperidad y milagros. Sea válido o no, la imagen que tiene la iglesia ante la sociedad puede causar dificultades a los verdaderos creyentes hoy. ¿Tiene razón la prensa cuando critica a los evangélicos? ¿Qué podemos hacer para enfrentar los desafíos generados por los medios de comunicación o los malos testimonios?
Que este concurso literario sea la base de un gran intercambio de sugerencias y propuestas que fortalezcan la iglesia en el Continente, para la honra y la gloria de Dios.










