Por Plutarco Dediego León, Bogotá, Colombia
Fragmento de un ensayo presentado a concurso.
Son muchas las veces que me he preguntado sobre el papel, no solo mío, sino también de la iglesia cristiana en la historia actual del continente latinoamericano.
Son muchas las veces que he intentado sentarme a escribir sobre los temas que respecta a la vida de los cristianos, de lo que debemos entender como cristianismo y especialmente como podemos aportar y ser solución para todas las situaciones que se viven en América Latina.
Pensando y analizando los problemas que en esta última década han envuelto a países como Argentina, Ecuador, Venezuela, Chile y especialmente Colombia, y los diferentes efectos que estos han tenido sobre el resto de los países del área, trato de ver en donde estamos todos aquellos que decimos ser cristianos para ver si es posible gritar y decir: “Aquí estamos para ayudar”.
Cuando experimento la sensación de impotencia al contemplar la pobreza y miseria tan extrema e inhumana que por siglos han abrazado los habitantes de la costa pacífica colombiana, la cual no está muy lejos del hambre y de la realidad infernal que viven los somalíes y de la misma situación que viven los habitantes de los sectores más pobres de Cartagena, la cual está catalogada como la pobreza más extrema de América Latina, no tengo más que agachar mi cabeza y sentir vergüenza al ver que predicamos tan bonito desde los púlpitos, pero vivimos a años luz de la enseñanza que nosotros mismos damos.
Es cierto que son muchas las organizaciones eclesiales y paraeclesiales que han querido ayudar con esta situación de pobreza y miseria que sucumbe a este continente lleno de una historia mítica y de leyendas, pero que los esfuerzos no son suficientes, pues estamos tan ocupados en asuntos sin importancia y hemos descuidado la verdadera esencia de la gran comisión.
Mientas que los políticos corruptos de nuestro continente desangran a los países, los cristianos le hemos seguido el juego pensando que la forma de ayudar a solucionar el cáncer de la pobreza y miseria es unirnos a ellos, para luego terminar enredados en sus telarañas politiqueras, perdiendo así el camino y el horizonte del llamado que Dios nos hizo como sus hijos, llegando así al punto de la indiferencia que nos envuelve y que nos alejó de ser la respuesta a este continente dolido y enfermo que pregunta a gritos: ¿Dónde está Dios, y los cristianos llamados a ser SAL?
Un panorama general de un pedacito de tierra
Es cierto que la situación política, económica, social y moral de América Latina no es fácil y mucho menos esperanzadora hacia el futuro, sin embargo la Iglesia de Jesucristo, la cual si debe brindar esperanza, se ve un poco confusa y sin derrotero, lo que impide, en términos generales, presentarse como una solución a la situación. Jesucristo mismo nos comprometió y explicó nuestra responsabilidad en el mundo y en este caso para América Latina:
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” San Mateo 5:13.
América Latina es uno de los continentes más controvertidos que puedan existir en el mundo. En toda América, esta parte del continente tiene una de las historias más sorprendentes en la formación y nacimiento de cada uno de sus países, pues en él se tejen una cantidad de situaciones sorprendentes que van relacionado con su descubrimiento, conquista, colonización, libertad y desarrollo socio político.
Los países latinoamericanos tienen muchos elementos en común y cuentan con un pasado y un presente tan particular y casi idéntico, lo cual refleja la cultura y cosmovisión de sus habitantes. La vida política de América Latina nos muestra las diferentes facetas de sus naciones, lo cual la hace digna de estudio.








